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viernes, 20 de enero de 2012

PALIBRIO

Realiza tus sueños literarios

En el 2009, las compañías editoriales de los Estados Unidos produjeron mas de un millón de libros, de los cuales 764,448 fueron auto publicados.

Desde entonces la industria se ha fragmentado principalmente en dos segmentos: publicación tradicional y auto publicación. Hoy en día, es muy importante poder conseguir una compañía editorial que pueda trabajar bien para usted y con usted.

Compañías editoriales tradicionales, en ocasiones, ofrecen adelantos en regalías y el soporte de marketing necesario, pero estas compañías tienen listas de espera muy largas y altas tazas de rechazo. Además, cuando vendes tu manuscrito a estas editoriales, pierdes los derechos de tu libro. Alternativamente, la auto-publicación te da el control total sobre el proceso creativo de tu libro, y también controlas la producción y el marketing de tu libro.

Si estas buscando una editorial para publicar tu libro, no busques más – Palibrio esta aquí para ayudarte. Con el respaldo de más de 13 años de experiencia en la auto-publicación, Palibrio te provee todas las herramientas necesarias para publicar tu libro profesionalmente y en corto tiempo.

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martes, 20 de septiembre de 2011

Leer hace mejores ciudadanos, premisa del Tianguis de Libros de Reforma


Izquierda y elecciones en el DF, luchas sociales y el terremoto de 1985, los temas centrales

Fabiola Palapa Quijas

La Brigada Cultural Para Leer en Libertad, cuyo propósito es fomentar la lectura y divulgar la historia de México, llevará a cabo, a partir de hoy y hasta el 25 de septiembre, el Tianguis de Libros en Paseo de la Reforma, entre las glorietas del Ángel de Independencia y la Palma.

Paloma Sáiz indicó, promotora cultural que encabeza la brigada, que se colocaron más de 100 módulos de editoriales, librerías y saldos. Asimismo, informó que se obsequiará a los visitantes un ejemplar del libro Con el puño en alto II, el que reúne textos sobre las batallas sindicales de las costureras víctimas del sismo de 1985, y de los trabajadores del Instituto Nacional de Bellas Artes, así como una breve historia de las luchas sociales de 1958 a 1965.

Promotores de lectura, historiadores y escritores que coinciden en enfatizar la imperiosa necesidad de colaborar en el proceso de hacer de México un pueblo lector, y que se acerque a su historia de manera diferente, en esta ocasión participarán en mesas redondas donde reflexionarán sobre la sociedad y la literatura después del terremoto de 1985.

Paco Ignacio Taibo II, Patricia Galeana, Fabrizio Mejía Madrid, Beatriz Novaro, Eduardo Mosches, Bernardo Fernández Bef, Luis Hernández Navarro y Marco Antonio Campos, entre otros, participarán en el Tianguis de Libros Para Leer en Libertad.

Para Paloma Sáiz, los tianguis de libros son una alternativa para promover la lectura en lugares donde no hay librerías ni bibliotecas, pero en el caso del Paseo de la Reforma, es una excelente oportunidad para poder llegar a mucha gente.

El propósito esencial del encuentro es ofrecer libros a precios asequibles, porque la lectura genera mejores ciudadanos.

Gracias a los libros aprendemos a creer en lo imposible, a desconfiar de lo evidente, a formar pensamiento crítico, a exigir nuestros derechos, a cumplir con nuestros deberes como ciudadanos.

Como parte del programa de actividades, Sáiz informó que diversos autores reflexionarán en torno a lo que se escribió sobre el terremoto de 1985, y que se realizarán una serie de discusiones denominadas La izquierda y las elecciones en el Distrito Federal.

Periódico La Jornada
Lunes 19 de septiembre de 2011, p. a13

Descarga el programa de eventos AQUÍ

martes, 26 de abril de 2011

¿Y ahora por qué está de moda el fomento a la lectura?

Paloma Saiz

A toda hora oímos en la tele, radio, prensa, declaraciones de lo bueno que es leer, promovidas por el Consejo de la Comunicación; vemos y oímos a personajes de los medios recomendándonos leer, sin que ofrezcan sensación de confianza. Daría la impresión de que lo único que leen habitualmente es el guión que les ponen enfrente. No hay mayores emociones, no hay mayor sensación de credibilidad, no hay mayor concreción en sus propuestas.

No son los únicos que hacen demagogia so pretexto del fomento a la lectura.

Les cuento: hace unos días se publicó la noticia de que los secretarios de Educación y Cultura del Distrito Federal, Mario Delgado y Elena Cepeda, respectivamente, anunciaban que se crearían 1740 libroclubes, uno en cada comité vecinal.

Los libro-clubes son pequeñas bibliotecas de lectura diseminadas por la ciudad creados en su día por iniciativa de Alejandro Aura, y contaban originalmente con 500 libros cada uno como acervo base e iban acompañados, siempre, de un taller de formación para quien se hiciera cargo del mismo.

La propuesta Delgado-Cepeda pareciera ser maravillosa de no tratarse de demagogia pura. Hagamos cuentas: 500 libros, con un costo promedio (muy bajo) de 60 pesos, en mil 740 comités vecinales significaría una inversión de más de 52 millones de pesos. ¿Y cuánto tienen presupuestado las secretarías de Educación o de Cultura para ese proyecto? Nada. Esto sin contar que tendrían que organizarse con monitores, que los pocos que quedan en la Secretaría de Cultura el año pasado empezaron a cobrar en noviembre y este año aún no han cobrado nada, y que tendrían que dar 60 talleres de formación en los espacios, en los comités vecinales, y suponiendo que ellos se hagan cargo de los libreros (aunque sean improvisados con tablas y ladrillos).

Sin embargo, la declaración pasó sin análisis en los medios. No sólo no hay voluntad de hacerlo, no sólo no hay viabilidad presupuestaria ni garantía de ser funcional, además se tendría que encontrar en cada comité vecinal a alguien que estuviera interesado en fomentar la lectura, que le dedicara tiempo a promover los libros y que dispusiera de tiempo para tomar un taller.

No obstante, la Secretaría de Cultura tenía nueve programas de fomento a la lectura en 2009, que estaban funcionando a todo vapor y dando sorprendentes resultados. En el último año, estos programas han sido llevados a su mínima expresión o están absolutamente parados por ineficiencia o falta de recursos.

La responsabilidad es de Eduardo Clavé, flamante director de Fomento a la Lectura (y autor de la purga del grupo que venía trabajando en años anteriores en el proyecto) y de Elena Cepeda de León. El desastre es total: no hay financiamiento para los programas, este año sólo le han adjudicado 3 millones 197 mil pesos, que su enorme mayoría se destinan al pago de la burocracia, y por tanto no tienen dinero para operarlos. En 2009, existían además un poco más de 5 millones de pesos (solamente para operación) otorgados por la Cámara de Diputados para apoyo a los programas de Fomento a la Lectura; este recurso no se pidió o se retiquetó o vaya usted a saber.
“Para leer de boleto en el Metro” ha estado durante dos años detenido y ahora anuncian su reanudación. Este programa reconocido, no sólo en México, sino también en varias partes del mundo, y que ha sido copiado en varios países; que beneficiaba a un público potencial de 850 mil viajeros que diariamente usan la línea tres del Metro, funcionaba con una estructura muy precisa de préstamo con antologías de 250 mil ejemplares.

Hoy, la secretaría anuncia su reanudación con una nueva antología de solamente 12 mil 500 ejemplares (y eso que coedita con el Círculo Editorial Azteca, del grupo televisivo Salinas), abandona la lógica de préstamo y se anuncia como de canje, de tal manera que los que quieran un libro tendrán que entregar a cambio otra de las antologías editadas previamente. No resulta difícil saber que el programa va a fracasar, que lo que en su día representó una enorme facilidad para que la gente tomara un libro y lo leyera en el trayecto o se lo llevara a su casa y luego lo devolviera, será ahora una pobre simulación. Y todavía Eduardo Clavé declara en una de sus mayores joyas verbales que “ya no confiamos en la gente”, que el viejo programa fomentaba el robo de un libro. Sin embargo, cuando empezó el programa logramos tener una devolución de 72 por ciento, que para México es altísimo. No obstante, este no era el propósito fundamental, sino que los libros circularan durante tres meses para que la mayor parte de la gente tuviera oportunidad de leerlo, mientras salía la siguiente antología, y queríamos que los ejemplares restantes se los llevaran a sus casas, donde muy probablemente fuera el primer libro de su biblioteca.

El programa “Letras de Luz”, dedicado a invidentes y débiles visuales, ha sido suspendido. Los tianguis se han convertido en unos pocos al año, con apenas oferta de libros, y cuando la hay abunda la autosuperación y el libro chatarra, porque nadie se preocupa de los contenidos; sin programación de conferencias ni presentaciones de libros y desde luego sin público.

El programa “Letras en Guardia” destinado a los policías, que dirigió en su día Juan Hernández Luna, está prácticamente en su mínima expresión, a tal grado que los mismos policías nos han llamado para que la brigada cultural Para leer en Libertad se haga cargo de él. Y el programa con los bomberos, abandonado totalmente, al grado que los bomberos que lo habían impulsado, cuando les informaron que se iba a dejar de lado por razones presupuestales, pues a los monitores que hacían lectura en voz alta no les pagaban, se ofrecieron a hacer una cooperacha para que continuara y ni así lo permitieron.

“Letras en rebeldía” fue cerrado de un día para otro, a pesar de que en su momento atendía a las 16 preparatorias del gobierno del Distrito Federal, y no hubo un solo funcionario en la secretaría que preguntara las consecuencias de tal acto, si servía el programa y a cuántos jóvenes beneficiaba. Por último, gracias al interés de las autoridades de la Secretaría de Salud y en particular del doctor Ahued, el programa “Sana, sana… leyendo una plana” sigue adelante, con financiamiento.

Si en los tres años anteriores se hicieron 33 antologías para fomentar estas propuestas, ahora y desde hace más de un año y medio solamente se produjo una para todos los programas. Sin embargo, no tienen empacho en anunciar que harán libro-clubes por toda la ciudad.

Es sorprendente que la puesta en marcha de Para leer en libertad haya podido hacer, sin presupuesto, todo esto: 23 libros con un tiraje de 55 mil ejemplares que hemos regalado, formar 15 bibliotecas comunitarias, ofrecer más de 500 conferencias, cientos de actividades artísticas, dos remates de libros, 45 tianguis, dos ferias internacionales y elaborado varios programas de fomento en algunas delegaciones.

Y esta es la razón por la cual la Secretaría de Cultura, en un alarde de simulación, intentó llevarse ante los medios parte del crédito de la feria Internacional de Azcapotzalco. Les cuento: la feria pretendía sacar a la periferia de la ciudad de México, fuera del circuito cultural centro-sur, una propuesta que incluía una buena oferta de libros, una magnífica representación de autores nacionales, tanto del Distrito Federal como del interior de la República y algunos que vinieron del extranjero. Duraría nueve días y había sido organizada conjuntamente por la delegación Azcapotzalco y la brigada Para leer en libertad; además, contaba con la participación de más de 100 editoriales con libros a precios muy bajos, accesibles a una población de bajos recursos.

La oferta cultural contaba con la presencia de más de 80 novelistas, poetas, periodistas y autores de ensayo, entre ellos Juan Gelman, Gerardo de la Torre, Óscar de la Borbolla, Mónica Lavín, David Martín del Campo, Enrique González Rojo, Ignacio Solares, Cuauhtémoc Cárdenas, Sanjuana Martínez, Diego Osorno, Luis Humberto Crosthwaite, Eduardo Matos Moctezuma, Ángel de la Calle, Patricia Galeana, Mario Mendoza y varios más. Se harían tertulias sobre temas que la sociedad está deseosa de que se ventilen en la calle como el No más Sangre, que El Fisgón, Helguera y Hernández llevaron a discusión, o la guerra absurda contra el narco. Hubo además gran oferta de música con Tania Libertad, la marimba de Nandayapa, Los Mercys, Arraigo Domiciliario y otros grupos, además de teatro, lecturas en voz alta y talleres.

El sábado 26 de marzo durante la inauguración, para nuestra sorpresa y para sorpresa del delegado de Azcapotzalco, en el momento de la inauguración se hicieron presentes Eduardo Clavé y María Cortina (nueva directora de la Feria del Zócalo) de la Secretaría de Cultura del Distrito Federal, con el pretexto de darle al delegado un reconocimiento por su labor en el ámbito cultural. La Secretaría de Cultura, que no había colaborado para nada en el acto, se subía al escenario para salir en la foto.

Y sí, la Secretaría de Cultura necesita montarse en el trabajo de los demás ante la pobreza del suyo. Es esa Secretaría de Cultura la que en un alarde demagógico ofrece que se gastará 52 millones de pesos en poner un libro-club en cada comité vecinal. Esta ciudad no se merece funcionarios de cultura que sólo se dediquen a la simulación o a promoverse y promover a sus cercanos.

Impulsar a una población ansiosa de leer es un acto noble y absolutamente necesario en los tiempos oscuros que vive nuestra sociedad; hacer demagogia con ello, es una canallada.

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